23 de abril, para muchos una fecha común, para otros el «Día del Libro» y en Cataluña, una de sus fiestas mayores, «Sant Jordi». Las calles se engalanan de rosas y libros, el ambiente que circunda cada pequeño rincón de esta comunidad autónoma se halla conquistado por estos dos elementos que simbolizan para mí, de un lado, el amor y de otro, la cultura, o todo emulsionado, el amor por la cultura. Pero tras esto, se esconde la leyenda de Sant Jordi.
¿Queréis saber qué cuenta esta leyenda y por qué se regalan rosas y libros?

«La leyenda de Sant Jordi cuenta la historia de un heroico caballero, un monstruoso dragón y una princesa. El dragón aterrorizaba a los vecinos. Sin otra solución, para evitar los ataques de la bestia, decidieron darle dos ovejas a diario para apaciguar su hambre. Cuando terminaron con todos los animales que tenían, el rey convocó una reunión, donde decidieron que harían un sorteo entre la población y le darían al dragón una persona cada día, para que se la comiese. Desafortunadamente llegó el día en que le tocó a la hija del rey, y cuando el dragón se disponía a comerse a la princesa, apareció, cabalgando sobre un caballo blanco el caballero Jordi, para salvar a la princesa de entre las garras de aquella bestia. Sant Jordi alzó su lanza y de un golpe, hirió de muerte al dragón, con la lanza clavada en el corazón. De la sangre derramada del dragón brotó un rosal con unas rosas, el caballero Sant Jordi cogió una, se dirigió a la princesa y se la dio en señal de amor».
Es por eso que cada 23 de abril, se regalan rosas en señal de amor y libros para conmemorar a los dos escritores cumbre de la literatura, que funestamente fallecieron este mismo día, hablamos de Shakespeare y Cervantes.
Dejando a un lado esta leyenda que reproduce comportamientos sexistas, es cierto que una de las ventajas de vivir en Cataluña radica en que una de las mayores fiestas que se celebran esté relacionada con una de mis grandes pasiones, los libros. Y digo libros y no lectura porque un libro es más que una historia, es el momento en el que adquieres ese ejemplar, la edición escogida, es el olor de sus páginas y su chasquido cuando vas dejando atrás cada una de sus hojas, es ese torbellino de emociones que se deriva de una historia que te atrapa y deja volar tu imaginación, es viajar a lugares donde nunca antes habías estado…
Así indago en mi memoria y allí reverbera cómo comenzó mi avidez por la lectura, afición que nació gracias a mi madre, puesto que este fue un ámbito que ella nunca descuidó, ya que todas las noches desde mi más tierna infancia dedicaba unos minutos a leerme unas veces cuentos infantiles; otras, poemas o adivinanzas. Atesoro esos momentos en que ella aparecía en mi habitación con un libro entre manos; me leía algunas páginas de aquellos relatos y yo le pedía que continuara un poco más; recuerdo que siempre me decía: ¡Acabamos con una adivinanza y a dormir!
Esta era una sensación de bienestar que daba paso al desarrollo de grandes sueños y que necesitaba cada noche antes de adentrarme en el mundo onírico.

Con el paso del tiempo, esta afición fue creciendo, merodeaba entre los estantes de aquellos libros de la biblioteca durante largo tiempo en busca de nuevas aventuras y naturalmente no todos fueron de mi agrado, con algunos embebía cada palabra y me convertía en la protagonista de la historia, pero en muchos otros las expectativas no se cumplieron, pero este era, es y será un derecho que tenemos como lectores, comenzar historias y si no logran motivarnos lo suficiente, tener la libertad de cambiar y buscar otras que nos satisfagan más; pues el objetivo último de un escrito debiera ser disfrutarlo.
Pasados los años, me hallé en la tesitura de tener que decidir en tiempo récord, qué estudiaría y la respuesta no podía ser otra que la Filología . A día de hoy, sé que tomé la decisión correcta, dado que siempre mi sueño fue transmitir esta pasión lectora al alumnado, acercarles a la cultura, arañar dentro de cada uno de ellos y que descubran nuevas realidades… De este modo podrán desarrollar la creatividad, entender el mundo que nos rodea que se torna cada vez más complejo y vivir otras situaciones que les ayudarán a madurar y gestionar las suyas propias con mayor autonomía.
Haciendo acopio de unas palabras del ácido escritor Umbral, aprovecho para decir que «yo he venido a hablar de mi libro«, ese que ocupa mis escasos ratos libres. Se trata de una novela de María Navarro titulada «Dime quién soy«.

Esta novela llegó a mis manos como regalo de dos grandes amigas y por ahora, no desmerece ni una sola página de las que he ido absorbiendo, una historia de intriga en la que un joven periodista Guillermo Albi recibe, el encargo más importante de su vida: el rastrear y escribir la vida de Amelia Garayoa. La única información que su biznieta le puede dar es que la mujer huyó, en los momentos previos al estallido de la Guerra Civil, con un comunista francés. Tras ella dejó a su marido Santiago Carranza y a su hijo Javier. Amelia recorrerá mundo junto a otros tres hombres: Pierre Comte, Albert James y Max von Schumann. Esta historia en la que se amalgaman amor, traición, espionaje y muerte desvelará muchas sorpresas al joven escritor, que no esperará descubrir tan emocionante vida en esta mujer.
Tan solo remarcar que el futuro de las generaciones venideras está en nuestras manos, con cuyo esfuerzo debemos ayudar a que la sociedad evolucione ( y no involucione) y esto solo será posible si ayudamos a crear ciudadanos críticos, que no den por cierto todo lo que escuchen o lean, que se informen y sepan discernir qué información sí es fiable y cuál no, solo de este modo el éxito educativo estará asegurado.
Arantxa me has recordado esos momentos de la infancia, cuando iba a la pequeña biblioteca del pueblo a pedir prestado un nuevo libro para leer y veías en la cartilla del libro las firmas de quien ya había tenido el libro o incluso si ya lo habías leído anteriormente.
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Que bien Arantxa! Muy interesante. Mi frase favorito «es viajar a lugares donde nunca antes habías estado…» 🙂
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wow!! 76Gracias y adiós, 2020
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