Gracias y adiós, 2020

Este 2020 dejará una huella imborrable en todo el planeta, precisamente ese parece que fuera el objetivo de este año, venir a recordarnos que los problemas, los planes o el futuro más próximo son una incertidumbre.

Recuerdo allá por febrero, cuando en los medios de comunicación corría como la pólvora la noticia de aquel famoso virus que todos odiamos y que además tiene nombre real, «corona», siendo este nombre también un presagio de otra de las grandes noticias del 2020, la corrupción de la corona española, una verdad a voces que ha mostrado le necesidad de revisar también aspectos de la Constitución, véase «la inviolabilidad del rey, no sujeta a responsabilidad», como reza el Artículo 56 y que promete seguir siendo un problema de gran envergadura en este 2021.

Regresando a nuestro 2020, recuerdo una fría mañana de febrero y la pregunta de un alumno que, intrigado, preguntaba si el «coronavirus» llegaría a España. En aquel momento, ingenua de mí, abrimos un debate y les insté a ser cautos con sus palabras y a no provocar xinofobia, sinónimo de odio o aversión a los chinos por el hecho de que el virus tuviera origen en su país. Asimismo, les dije que aquello era un virus que, al parecer, por error, había escapado de un laboratorio, pero que tenía solución.

No pasaron ni 20 días desde aquellas palabras e improvisado debate, cuando la realidad superó a la ficción y por vez primera en esta nueva era, donde los avances tecnológicos parecían avanzar a pasos agigantados, nos dimos cuenta de nuestra vulnerabilidad. Nunca olvidaré todavía aquel martes, 10 de marzo, paseando por el centro de la ciudad, donde ya se alertaba de la posible suspensión de las Fallas de Valencia, aunque estas estuvieron montándose hasta las 20:00 de aquel día, cuando se dio por suspendida, oficialmente, la fiesta local.

Tan solo 3 días más tarde, el presidente Sánchez nos informaba del confinamiento debido al «estado de alarma», viéndonos así encerrados en casa para frenar la curva de contagios y, con ello el número de muertes, durante unos dos meses, meses que vinieron a enseñarnos mucho de lo que realmente tiene valor en esta sociedad capitalista en la que vivimos. Poco importó la ropa que lleváramos en aquellos difusos días, tampoco nuestra apariencia física. En cambio, se hizo más necesario que nunca un abrazo, un beso, la buena compañía o disfrutar de las clases presenciales que se convirtieron rápidamente en una improvisación constante por ayudar a los pupilos a finalizar satisfactoriamente el curso, especialmente a los que estaba preparando para las pruebas de acceso a la universidad (actual EBAU), que vivían con incertidumbre el paso de los días a la espera oficial del día de celebración de estas pruebas.

Aquellas primeras semanas, a nivel personal, me provocaron emoción y miedo, ese silencio sepulcral que respiraba mi avenida, solo interrumpido por el alarmante sonido de una sirena de ambulancia. Imaginaba que detrás de aquel sonido, había una persona en estado crítico, luchando entre la vida y la muerte y solo pensaba que aquella maldita pesadilla acabase. Me negaba a asumir la cruda realidad cuando, cada mañana levantaba la persiana y observaba desde la ventana, una ciudad desolada. Esta canción fue una de las que provocó más de una lágrima y recordaba este funesto año.

Comenzaron las videollamadas, esas que, sin duda alguna, provocaban sonrisas y que se convirtieron en esa válvula de escape en días grises para mitigar el dolor y la soledad en que nos vimos sumidos toda la población. Al mismo tiempo, eran las que permitían distinguir el final del día de aquella monotonía diaria y de ese modo, comenzaré dando las gracias a todas esas amistades y familia que daban un impulso diario de energía, especialmente aquellos viernes noche donde no cesaron los concursos musicales, culinarios, culturales o fotográficos, que provocaron carcajadas e hicieron mucho más llevadera esta nightmare ( que diría mi alumnado, para referirse a la pesadilla que supuso todo aquello).

Dejando de un lado toda la debacle a nivel mundial que ha supuesto y supone este virus, al que ya empezamos a combatir con la vacuna y que esperamos deje de ser mortal en poco tiempo, el balance a nivel de valores, no ha sido tan negativo. Nos ha enseñado el valor de la paciencia, el aprender a valorar más que nunca el factor humano y desinteresado de personas que se han prestado a ayudar en este tipo de situaciones con su solidaridad y han dado la vida para que otros no la pierdan, nos ha permitido tener tiempo para hacer todas aquellas cosas que siempre se posponían por falta de tiempo y lo más importante, hemos descubierto quiénes en aquellos días y en los posteriores, nos han brindado todo lo mejor de sí mismos, para ser conscientes del valor de tenerles en nuestras vidas.

No es, ni de lejos, la Nochevieja y Año Nuevo que nadie hubiera esperado y más, cuando este virus te roza tan de cerca como a mí este año que se extingue ya, pero quedémonos con aquello que nos ha hecho crecer, vibrar y que ha mejorado o cambiado nuestras vidas y desechemos todo aquello que el 2020 se lleva ya y que permanecerá en el recuerdo como el peor año, a nivel social, que recordamos. Le decimos gracias por lo aprendido de todas las experiencias que hemos vivido y adiós, y que el 2021 sea, con ayuda de la vacuna, motor de cambio para que no muera más gente en esta pandemia y para que las expectativas marcadas, sean más reales y podamos pisar tierra firme, eso sí, con buena salud como una buena amiga me confesaba hace escasos minutos, pues eso ya será indicativo de mejora social. Este virus será vencido con el esfuerzo de todos. A nivel educativo, esperemos que la EDUCACIÓN siempre sea algo prioritario y no quede en segundo plano nunca.

Por último, GRACIAS a todas aquellas personas que habéis conformado este 2020, no habría entradas de blog para agradeceros todo.

Deseando a todo el mundo que el 2021 nos ayude a sortear los obstáculos que sobrevengan y disfrutemoa de momentos inolvidables, FELIZ AÑO NUEVO Y ESPEREMOS QUE, PRÓSPERO.

(Des)humanizándonos

Es frecuente en el pasar de las décadas que los métodos de comunicación humanoides hayan cambiado, mas no es justificable en lo que nos estamos convirtiendo, personas que cuelgan toda su vida privada en un supuesto muro ficticio: fotos, mensajes, música que muestran ese aparente estado de felicidad constante que reverbera de cada uno de nosotros. Ese querer ser los más originales, los más innovadores, los más críticos... Esta vorágine de querer agradar constantemente a conocidos y extraños se está convirtiendo en una adicción.

Hablando con algunas amistades sobre este tema coincidimos en que esa sobre exposición a la que nos sometemos de motu propio tiene sus consecuencias y esconde un problema mucho más grave de lo que imaginamos, se denomina soledad.

TOLERANCIA-FRUSTRACIÓN

Buscamos mostrar que somos personas influyentes, con miles de actividades novedosas, con una vida idílica, cuando en la realidad nadie escapa a los problemas, pero debido a veces a ese querer guardar las apariencias, nos empeñamos en desmontar, en no mostrar que somos frágiles, que necesitamos ayuda, que sentimos y que tenemos nuestros días fantásticos, sí, pero también otros no tan fantásticos y que cada uno de ellos nos hace que seamos la persona que somos hoy día. Ese juego de experiencias contradictorias son los que hacen que maduremos, aprendamos, evolucionemos.

Si extrapolamos esta sobreexposición  a la vida de millones de adolescentes, la alambicada red de redes consigue aislar a nuestros pupilos a niveles desorbitados. El famoso vídeojuego Fortnite al que dedican de lejos mucho más tiempo que a amigos o familiares se ha convertido en un pasatiempo peligroso, en primer orden porque obecede a comportamientos agresivos y favorece la competitividad, la individualidad y todas esas -idades de las que terroríficamente huyo.

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La pasada semana leía un artículo de un periódico digital ( El País) que alertaba ya del consumo en demasía de la televisión por cable ( el ya afamado Netflix, HBO…), las redes sociales y los vídeojuegos, de modo que todo ese tiempo invertido ahí no se está compartiendo con gente real que tenemos a nuestro alrededor. Las preferencias están cambiando.

De otro lado, ¿ quién no vio la pasada temporada navideña el anuncio viral de Crema Ruavieja con el lema: Tenemos que vernos más? Esa bebida que nos anuncia el tiempo que nos queda que compartir con nuestros amigos y familiares más cercanos, que nos hace despertar del letargo en el que estamos sumidos debido a las muchas ocupaciones que pueblan nuestros días de actividades y tareas y nos impiden compartir tiempo con aquellos que más nos importan. Anuncio lacrimógeno que consigue hacer reflexionar que hay que reducir el ritmo frenético diario y sacar tiempo para compartir mesa y mantel con los nuestros y priorizar el factor humano sobre la máquina, que si bien facilita el contacto entre personas que no pueden verse a menudo, de otra parte, distancia al creer que compartiendo unos pocos caracteres, ya mantienes el contacto con esa persona, pues puedes desconocer completamente las experiencias que acaecen a tus contactos más cercanos creyendo que ya sabes lo suficiente sobre ellos y justificándonos a nosotros mismos que estamos haciendo lo correcto, en lugar de favorecer el contacto personal y el que, a día de hoy, nos justifica nuestro estado social.

Me pregunto:

¿ Es este el futuro que nos espera?¿ Cómo abordar las carencias afectivas que se manifiestan en niños y mayores? ¿ Dónde se encuentra el equilibrio entre lo que somos realmente y lo que proyectamos ser? ¿ Qué nos lleva a compartir en redes con desconocidos y amigos nuestra vida privada y esa tendencia a la idealización de una vida perfecta?

Con mis mejores deseos, Feliz año 2020 a todo el mundo y que este sea el año en que torne a publicar las más de 20 entradas que no me he atrevido a hacer hasta ahora.

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Somos historia

Tras un tiempo en la sombra, me dispongo a volver en un momento crucial, tras celebrar» El día de la mujer trabajadora«, ayer 8 de marzo con una huelga masiva.

Plaza de la Reina, 20 horas, Valencia en plena efervescencia.

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Un día más para much@s, un día para no olvidar para otras muchas personas,  ya que gracias a aquellas mujeres que hace unos cuantos lustros lideraron un movimiento único, ahora nosotras tenemos la posibilidad de trabajar ( aunque esto no nos aleje del otro gran asunto pendiente, ocuparse del hogar), abrir cuentas en el banco como titulares, viajar con nuestro propio pasaporte o decidir si nos apetece ser madres o no, entre otras cosas.

Recuerdo las primeras ocasiones en que este tópico » el de la mujer trabajadora», salió a la palestra y se me ocurrió preguntar por qué se celebraba este día y no el día de toda la gente trabajadora. Mis maestros y familiares se encargaron de explicarme que no todo era color de rosa hasta hace tan solo unos años, donde muchas de las acciones cotidianas que hoy realizamos eran todo un privilegio. También me contaron lo mucho que sufrieron muchas mujeres para estar actualmente en el lugar que nos corresponde.

El problema mana de una fuente de la que bebe el machismo y que mucha gente parece no querer aceptar, valga de ejemplo toda esa gente que reniega del Feminismo. Pero vayamos al DRAE ( Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española). Feminismo: Principio de igualdad de derechos entre el hombre y la mujer.

¿ Alguien me puede explicar quién no puede estar de acuerdo en que todas las personas seamos tratadas por igual? ¿Por qué motivo aún hoy en día en nuestro país ( por no irnos más lejos) una mujer cobra menos que un hombre por realizar el mismo trabajo? De aquí nacen los presentes conflictos, la brecha salarial o los techos de cristal ( limitar el ascenso de mujeres a puestos de mando) y en pleno siglo XXI todavía nuestro presidente Mariano Rajoy nos deleita con su retórica evasiva cuando le preguntan acerca de para cuándo la igualdad salarial a lo que serenamente responde: «No nos metamos en eso».

Pero esto no es lo peor de todo, lo más sorprendente es que hay gente que suele enlazar estas ideas con gente de otra generación, que ha tenido otro modelo de sociedad muy diferente al que vivimos en esta era. Y de repente, hablando con personas jóvenes de tu círculo más cercano o no tanto, descubres comentarios tales como:

» La verdad que se le da muy bien ese deporte para ser mujer», » Si yo fuera mujer, no me preocuparía que se hablara en masculino, pensaría que hay cosas más importantes» o el más que común; » ¿ Y el día del hombre para cuándo?».

Por mi parte, hace mucho tiempo que decidí no mirar hacia otro lado y afrontar estas afirmaciones con coraje, de cara y explicando a mis interlocutores que la mujer puede ser buena o no como el hombre en ciertos deportes, pero su género no determina que pueda ser mejor o peor ( de no ser por aspectos biológicos sobradamente conocidos). Tampoco hago oídos sordos a esas voces que afirman que hay cosas más importantes que revisar nuestro vocabulario, porque precisamente el lenguaje refleja la realidad y así ha de ir en consonancia con la sociedad en la que vivimos. Y por supuesto, combato con energía los clichés que se atribuyen al hablar sin miedos de estos problemas y que hace escasas semanas recibía en afirmaciones como: «cuidado, que tú eres muy sensible con estos temas».

Continúo poniendo ejemplos de mi realidad, la de mujeres de mi entorno más cercano que tienen que soportar a diario cómo su jefe las menosprecia  o ni escucha cuando aportan nuevas ideas en sus empresas o cómo se critica a algunas compañeras de profesión por introducir en las editoriales donde trabajan textos de mujeres, llegando a afirmar que estos textos no pueden hacer sombra a los de los hombres. Todas estas acciones demuestran que queda mucho por hacer en cuanto a educar y «reeducar» en igualdad.

Y luego dicen que hemos avanzado.

Por suerte, tengo la oportunidad de dirigirme a mi alumnado diariamente y fomentar debates acerca de este y otros aspectos para conocer de cerca sus opiniones y os sorprendería ver cómo responden con absoluta rotundidad con comentarios como: » el feminismo es una chorrada». Establezcamos los límites de cada término de una vez. Comencemos por definir, según DRAE el machismo: Actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres. De otro lado, el hembrismo:  Convicción estereotipada de que los varones son inferiores a las mujeres por naturaleza. ¿ Vislumbramos las diferencias?

Asimismo, me gustaría felicitar a todas las mujeres que nos sentimos en desigualdad de condiciones con respecto a los hombres en esta sociedad en muchos aspectos y que acudimos ayer, 8 de marzo a las manifestaciones convocadas a lo largo y ancho de toda España, hemos hecho historia a nivel mundial siendo portada de los periódicos de tirada nacional e internacional  y hemos hecho eco a la sociedad de las limitaciones sufridas por nuestra condición.

No sé las veces que me tocará a lo largo de mi vida repetir estos términos y explicarlos, pero no me cansaré de luchar hasta que se entienda que feminismo no es la supremacía de la mujer en la sociedad, sino un movimiento igualitario sin afán de menospreciar a nadie.

En definitiva, creemos una sociedad igualitaria y erradiquemos los estereotipos de género y los comentarios fuera de tono que tenemos que soportar a diario, solo así, iniciando el cambio cada cual consigo mism@, conseguiremos esa anhelada igualdad.

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Inspirando y espirando… 2017

20170825_180117En la misma línea que el pasado año, me dispongo nuevamente a hacer balance de este 2017, a menos de 24 horas para dar la bienvenida al 2018.

2017, año que comenzó con buen pie tras dejar atrás los últimos meses de 2016, duros pero que me dejaron valiosas lecciones, la más importante, descubrir que los obstáculos se pueden ir sorteando si la actitud y tu entorno te son favorables. Así, poco a poco fue conformándose mi pequeña gran familia granollerina compuesta de miembros muy dispares y con los que pasé inolvidables momentos de paellas, bailes, conversaciones profundas o los shows musicales a cargo de mi querida compañera de piso.

Esta vez los propósitos eran diferentes, soñaba con tener una estancia en Cataluña lo más amena posible y así fue; nunca olvidaré los jueves de encuentros entre profesores para unas cervecitas, los conciertos en directo que vivimos, las pequeñas escapadas que realizamos a lo largo de la geografía catalana, aquella famosa calçotada que prometimos volver a repetir o las noches en la ciudad condal, con conciertos a los pies de la Sagrada Familia, así como las noches de karaoke en la mejor compañía.

A nivel profesional, gané tablas sobre mi particular » escenario», las aulas, y aprendí a escuchar las opiniones de compañeros con diferentes experiencias que han ido conformando mi curriculum, no solo a través de mis ojos, sino de los ajenos. Aprendi a escuchar también al alumnado, dado que en ocasiones con el ritmo frenético de las clases, olvidamos hacer un parón y valorar si estamos siendo efectivos, si nuestros «discursitos» calan hondo o si nuestra metodología podría cambiarse, entre otros asuntos.

2017, año de viajes mayoritariamente ibéricos y alguno que otro Europeo, pero todos ellos enriquecedores y no solo por los monumentos visitados o las calles paseadas, sino también por la gente que hizo que esos viajes resultaran divertidos, agotadores de tanto caminar, gastronómicos, surrealistas ( valga de ejemplo la visita que realizamos al Museo Dalí en Figueres) o llenos de puestas de sol que dejaban paso a las noches veraniegas.

Septiembre, como bien recordaba en la entrada del año 2016: https://experienciasvitales.blog/2016/12/30/balanceando-el-2016/  

mes siempre convulso en mi vida, de cambios, vuelta a la lejanía, a volver a retomar lo que dejaste en junio con cierta nostalgia y a abandonar lo que tanto me ata a mi Valencia: su clima, su gente, sus costumbres,… Nuevas compañías que llenaron de vitalidad nuestro hogar y trajeron esa frescura que se necesitaba. Nuevo centro educativo, en esta ocasión » de alta complejidad», lo cual supuso un reto para mí, tenía la oportunidad de desarrollar nuevas ideas, de ponerme a prueba en un contexto muy diferente al que había tocado hasta ese momento y entender nuevas necesidades en un alumnado que requería de más cariño y atención de lo habitual.

Inicios duros, de mucho nerviosismo, de medir cada una de las palabras que pronunciaba y de escuchar paciente todo lo que este nuevo centro tenía que ofrecerme. Y aunque estaba muy cómoda tras los primeros incidentes con alumnado agresivo o con déficit de atención, entre otros trastornos; de otro lado, sentía que mi tiempo allí estaba expirando. Bien es cierto que el bagaje que he adquirido en Cataluña, me ha servido de mucho, pero el cuerpo me pedía un cambio, un volver a retomar mi vida anterior en mi añorada Valencia: mis amistades, mis ilusiones, mi antiguo cauce del río Turia, las calles recónditas por donde solía pasear aquellos días en que necesitaba desconectar de todo y, en definitiva, la paz que transmite ese lugar al que de muchos modos perteneces.

Es por eso que mi objetivo primordial se centró en lograr el cambio hacia Valencia y en pocas semanas, obtuve mi premio, ese que había aguardado durante unos 2 largos años, hasta que por fin la bolsa de interinaje llegó a mi nombre y quiso el destino colocarme en un centro educativo, que si bien no tiene el mismo perfil de alumnado que allí arriba, también me ha situado en una posición de alta responsabilidad, al ser la que prepara a los preuniversitarios para dar el gran salto y comenzar a construir sus futuros.

Nunca olvidaré la calurosa acogida que obtuve en mi actual centro, sus múltiples actividades perfectamente orquestadas desde todos los departamentos y el famoso Cross en contra de la violencia de género el pasado 24 de noviembre, donde tuve la suerte de conocer en directo a » El diluvi», grupo valenciano que canta condenando estas y otras injusticias. Asimismo, sentí el calor de mi nuevo alumnado que me animó a lo largo de toda la carrera en la que participamos y valoré los futuros talentos que se forman en el Bachillerato Escénico. Por último, absorbí cada una de las palabras de la portavoz de una Asociación de Mujeres que han sido víctimas de la violencia de género y que recordaron a los presentes la importancia de discernir que: «si es amor, no duele».

Llegados al mes de diciembre y con muchos giros en mi vida, pero todos para mejor y por decisión propia, quería despedirme no sin antes recordar que: todo el que siembra, recoge más tarde o más temprano, que la vida a veces, duele y exige sacrificios constantes y que hay que valorar más a diario a aquellas personas que nos hacen felices, que nos hablan sin adornos y nos quieren y aceptan tal y como somos.

Gracias a todas aquellas personas que han conformado mi 2017 y lo han hecho más bonito y llevadero y que todas aquellas que siguen sumando, se queden en este 2018.

Despido este 2017 deseandoos a tod@s un Prosperísimo 2018.

Nos vemos con nuevos Secretos por Compartir

Santjordianamente

23 de abril, para muchos una fecha común, para otros el «Día del Libro» y en Cataluña, una de sus fiestas mayores, «Sant Jordi». Las calles se engalanan de rosas y libros, el ambiente que circunda cada pequeño rincón de esta comunidad autónoma se halla conquistado por estos dos elementos que simbolizan para mí, de un lado, el amor y de otro, la cultura, o todo emulsionado, el amor por la cultura. Pero tras esto, se esconde la leyenda de Sant Jordi.

¿Queréis saber qué cuenta esta leyenda y por qué se regalan rosas y libros?

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«La leyenda de Sant Jordi cuenta la historia de un heroico caballero, un monstruoso dragón y una princesa. El dragón aterrorizaba a los vecinos. Sin otra solución, para evitar los ataques de la bestia, decidieron darle dos ovejas a diario para apaciguar su hambre. Cuando terminaron con todos los animales que tenían, el rey convocó una reunión, donde decidieron que harían un sorteo entre la población y le darían al dragón una persona cada día, para que se la comiese. Desafortunadamente llegó el día en que le tocó a la hija del rey, y cuando el dragón se disponía a comerse a la princesa, apareció, cabalgando sobre un caballo blanco el caballero Jordi, para salvar a la princesa de entre las garras de aquella bestia. Sant Jordi alzó su lanza y de un golpe, hirió de muerte al dragón, con la lanza clavada en el corazón. De la sangre derramada del dragón brotó un rosal con unas rosas, el caballero Sant Jordi cogió una, se dirigió a la princesa y se la dio en señal de amor».

Es por eso que cada 23 de abril, se regalan rosas en señal de amor y libros para conmemorar a los dos escritores cumbre de la literatura, que funestamente fallecieron este mismo día, hablamos de Shakespeare y Cervantes.

Dejando a un lado esta leyenda que  reproduce comportamientos sexistas, es cierto que una de las ventajas de vivir en Cataluña radica en que una de las mayores fiestas que se celebran esté relacionada con una de mis grandes pasiones, los libros. Y digo libros y no lectura porque un libro es más que una historia, es el momento en el que adquieres ese ejemplar, la edición escogida, es el olor de sus páginas y su chasquido cuando vas dejando atrás cada una de sus hojas, es ese torbellino de emociones que se deriva de una historia que te atrapa y deja volar tu imaginación, es viajar a lugares donde nunca antes habías estado…

Así indago en mi memoria y allí reverbera cómo comenzó mi avidez por la lectura, afición que nació gracias a mi madre, puesto que este fue un ámbito que ella nunca descuidó, ya que todas las noches desde mi más tierna infancia dedicaba unos minutos a leerme unas veces cuentos infantiles; otras, poemas o adivinanzas. Atesoro esos momentos en que ella aparecía en mi habitación con un libro entre manos; me leía algunas páginas de aquellos relatos y yo le pedía que continuara un poco más; recuerdo que siempre me decía: ¡Acabamos con una adivinanza y a dormir!

Esta era una sensación de bienestar que daba paso al desarrollo de grandes sueños y que necesitaba cada noche antes de adentrarme en el mundo onírico.

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Con el paso del tiempo, esta afición fue creciendo, merodeaba entre los estantes de aquellos libros de la biblioteca durante largo tiempo en busca de nuevas aventuras y naturalmente no todos fueron de mi agrado, con algunos embebía cada palabra y me convertía en la protagonista de la historia, pero en muchos otros las expectativas no se cumplieron, pero este era, es y será un derecho que tenemos como lectores, comenzar historias y si no logran motivarnos lo suficiente, tener la libertad de cambiar y buscar otras que nos satisfagan más; pues el objetivo último de un escrito debiera ser disfrutarlo.

Pasados los años, me hallé en la tesitura de tener que decidir en tiempo récord, qué estudiaría y la respuesta no podía ser otra que la Filología . A día de hoy, sé que tomé la decisión correcta, dado que siempre mi sueño fue transmitir esta pasión lectora al alumnado, acercarles a la cultura, arañar dentro de cada uno de ellos y que descubran nuevas realidades… De este modo podrán desarrollar la creatividad, entender el mundo que nos rodea que se torna cada vez más complejo y vivir otras situaciones que les ayudarán a madurar y gestionar las suyas propias con mayor autonomía.

Haciendo acopio de unas palabras del ácido escritor Umbral, aprovecho para decir que «yo he venido a hablar de mi libro«, ese que ocupa mis escasos ratos libres. Se trata de una novela de María Navarro titulada «Dime quién soy«.

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Esta novela llegó a mis manos como regalo de dos grandes amigas y por ahora, no desmerece ni una sola página de las que he ido absorbiendo, una historia de intriga en la que un joven periodista Guillermo Albi recibe, el encargo más importante de su vida: el rastrear y escribir la vida de Amelia Garayoa. La única información que su biznieta le puede dar es que la mujer huyó, en los momentos previos al estallido de la Guerra Civil, con un comunista francés. Tras ella dejó a su marido Santiago Carranza y a su hijo Javier. Amelia recorrerá mundo junto a otros tres hombres: Pierre Comte, Albert James y Max von Schumann. Esta historia en la que se amalgaman amor, traición, espionaje y muerte desvelará muchas sorpresas al joven escritor, que no esperará descubrir tan emocionante vida en esta mujer.

Tan solo remarcar que el futuro de las generaciones venideras está en nuestras manos, con cuyo esfuerzo debemos ayudar a que la sociedad evolucione ( y no involucione) y esto solo será posible si ayudamos a crear ciudadanos críticos, que no den por cierto todo lo que escuchen o lean, que se informen y sepan discernir qué información sí es fiable y cuál no, solo de este modo el éxito educativo estará asegurado.

 

Digitalmente analógicos

¿Qué pasaría si fallase el sistema eléctrico y tecnológico en la actualidad?

Invierno, día de ola de frío siberiana, media España incomunicada, contacto con mis familiares por teléfono fijo, la única vía de comunicación de la que disponen en estos momentos. Sin luz, sin cobertura y sin internet, en pleno siglo XXI, una se pregunta,

¿ qué pasaría si de repente todo este mundo digital y tecnológico en el que nos hallamos inmersos desapareciera y todo volviera a los orígenes?

A raíz de observar cuáles serían las opciones disponibles, aunque solo sea por unos días, verdaderamente hay efectos que serían muy plausibles. Primeramente, las hidroeléctricas pretenden hacer que nuestros bolsillos caigan en picado los días de más frío desde que se recuerda; dada esta situación, al menos en lo que atañe a algunas zonas, la jugada podría salirles verdaderamente mal. De otro lado, estaría el ocio no relacionado con nada electrónico, ni digital, por tanto, la gente rescataría esa afición a la lectura que no necesita de pantallas, sino tan solo de un poco de imaginación. Tampoco olvidemos la manera de comunicarnos, se favorecería el contacto personal que tanto echamos de menos en múltiples ocasiones, se apostaría por la vuelta a los juegos de mesa, llegarían esos momentos de compartir anécdotas…

A muchos de vosotros os parecerá una idea descabellada, pero no sería mala idea vivir un apagón digital debido a este temporal que azotó días atrás a la Península. Así, al menos, valoraríamos otras cosas que, puede, escapen a nuestras mentes constantemente invadidas por la sobreinformación, por la constante necesidad de estar conectados, de sentirnos acompañados solamente con un teléfono móvil y sentir que, aunque la era digital ha venido para quedarse y ha traído consigo infinitas oportunidades; tales como encontrar trabajo por la web, ser capaces de vernos a través de una pantalla mediante la videollamada o simplemente mensajearnos a tiempo real con aplicaciones como what’s app, también ha supuesto la proliferación de innumerables problemas.

Estos problemas han llegado a crear nuevas enfermedades condicionadas por el excesivo uso de los videojuegos, del ordenador u otros dispositivos similares. Se habla ya de trastornos psicológicos severos a causa del abuso de estos.

Quién fuera niña para volver a aquellos años en los que nos bastaba con llegar a casa, comer el bocadillo de la merienda y salir a la calle, jugar al descanse, coger la bicicleta e irte a explorar lo que en aquellos momentos suponía salir de la calle donde vivías hacia las afueras del pueblo.

Quién fuera niña para compartir aquellas tardes de fútbol, de dejar volar la imaginación y de estar alejada de este mundo globalmente digitalizado.

De esta mirada retrotraída llego a mi presente más actual, el día a día en las aulas. Aquí es donde descubro que sí, el sistema está intentando adaptarse a los nuevos tiempos, pero sin disponer de las herramientas o más bien la formación adecuada para ello. Observo que las clases continúan con un patrón tradicional, clase magistral donde el profesor sigue una metodología conductiva en muchos casos, exactamente la misma que vivieron nuestros antepasados.

En cualquier caso, con la incorporación de pizarras digitales, ordenadores, cañón y otros elementos como las tablet, se ha fortalecido la enseñanza practicando la competencia digital y, aunque es un aspecto que debemos poner en uso y mantenernos en un constante reciclaje, seguimos necesitando del elemento humano, de aquello que todavía sigue diferenciando al hombre de las máquinas, las emociones, la capacidad de razonar, de mover el instrumento más preciso y perfecto que existe, el cerebro.

Que lo que digamos no quede solamente plasmado en una pantalla digital, sino en las mentes, que podamos volver al pasado mediante un recuerdo que nos haya hecho sentir partícipes de este o aquel aprendizaje, que nuestro alumnado pueda rescatar aprendizajes y extrapolarlos a nuevos contextos y situaciones que les vayan acaeciendo.

Una vez más queda claro que el aprendizaje por investigación, haciendo uso de las nuevas tecnologías logrará que estas nuevas generaciones vayan insertando nuevos conocimientos de un modo diferente a como lo hicimos nosotros, pero no por ello, menos válido.

Por ello, estemos en constante búsqueda de nuevos métodos, de despertar las emociones más recónditas de nuestros pupilos, de despertar su curiosidad dentro de un mundo constantemente invadido de estímulos, en definitiva, seamos ese ying de profesores digitalizados y ese yang de profesores analógicos que hacen reflexionar.

 

 

 

Balanceando el 2016

Embelesada con ese suave canturreo de los pájaros que circundan la arbolada frente al hogar familiar, me dispongo a realizar la última mirada a este ya casi extinto, 2016. Un hábito que deberíamos practicar anualmente y que permite analizar aciertos y errores para seguir prosperando en el 2017.

2016, año que comenzó con nuevas ilusiones y mucha estabilidad. Siempre pensé que cuando hay demasiada estabilidad algo debe mutar, por ello ansiaba una renovación, una salida de mi zona de confort, una nueva oportunidad de proponerme nuevos retos, hacer nuevas amistades, cambiar de trabajo y de lugar de residencia. Fueron varias semanas las que me mantuvieron en jaque, hasta que, en el momento menos esperado- y sí, también el menos deseado-, recibí aquella llamada que desestabilizó mi pequeño mundo. Tras ella, un choque de sensaciones que entremezclaban exaltación y abatimiento, plenitud y desazón. De un lado, entusiasmo por la novedad, ese alivio cuando logras uno de tus grandes sueños, trabajar para lo que tanto tiempo invertiste preparándote; de otro lado, no podía evitar sentir una profunda zozobra al dejar «relativamente lejos» a mis seres queridos, mi casa, trabajo, etc. Pero ya se sabe que» los grandes cambios siempre vienen acompañados de una fuerte sacudida. No es el fin del mundo. Es el inicio de uno nuevo«.

Con este proverbio me lancé a esta nueva aventura que inicialmente debía tener una duración de dos semanas y acabó convirtiéndose en casi cinco meses, meses que empezaron a dar rumbo a mi vida.

De aquella experiencia atesoro haber tenido la oportunidad de conocer mejor a familiares que vivían cerca de mi nuevo enclave, de valorar aquellas pequeñas cosas del día a día, aprender que la planificación  en las aulas se secunda cuando las necesidades del alumnado exigen más humanidad, más realidad, que encuentren una razón o varias por las cuales quieren permanecer en clase. Aprendí que el error es necesario y positivo y que, mi camino solo acaba de comenzar en la enseñanza. A nivel personal, me llevé a alguna amistad y vivencias inolvidables.

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Sin ser consciente del tópico «tempus fugit«, comenzaba mi primer verano alejada del mundo acuático, teniendo tiempo para viajar, pasar más tiempo con la gente que quería y aprovechar todas las oportunidades que se me brindasen, de modo que fui coleccionando recuerdos en conciertos, viajes a paraísos naturales, momentos con antiguas y nuevas amistades y familia y tiempo, tiempo para conocer mejor mi entorno, para entender lo dichosa que era.

Septiembre, ese mes siempre convulso en mi vida. Nuevamente todo da un vuelco, mes de vicisitudes a nivel personal y laboral. Giros que dejan hasta al más fuerte mareado de tanta inestabilidad. Batallas contra el sueño,jornadas interminables en tren, coche o bus, improvisación de primeras clases, agotamiento mental y físico. Pero no todo fueron desdichas, conocí la bondad con gente encantadora dispuesta a tenderte la mano sin conocerte de nada, conocí a gente que vivía una odisea como yo  en aquellos días y lo más importante, me conocí mejor a mí misma. Supe que por muchas tempestades que me sobrevengan, sabré salir adelante.

Asimismo, he aprendido que:»no hay mal que cien años dure, ni cuerpo que lo resista» (como diría mi madre), que «nunca te duermas sin un sueño y te levantes sin un motivo«y que «no hay tiempo para el pasado cuando el futuro tiene mejores oportunidades«.

No puedo olvidar pronunciar la palabra más mágica de nuestro idioma;  GRACIAS a todas aquellas personas que han formado parte de este año, tanto a los que están cerca, como a los que por diversas razones no lo están, pues gracias a todos vosotros, he crecido, he disfrutado y he aprendido valiosas lecciones que no cabrían en un libro y mucho menos en un blog.

Finalmente, GRACIAS DE CORAZÓN  a todas aquellas personas que tuvieron tiempo de visitar este blog, de escribirme en privado brindándome grandes consejos y animándome a que siguiera cultivando esta nueva faceta. Para todos vosotros que formáis parte de mi destino, aquí os dejo con un fragmento de la obra «Sobre héroes y tumbas«de Ernesto Sábato:

(…)“No hay casualidades sino destinos. No se encuentra sino lo que se busca, y se busca lo que en cierto modo está escondido en lo más profundo y oscuro de nuestro corazón. Porque si no, ¿cómo el encuentro con una misma persona no produce en dos seres los mismos resultados? ¿Por qué a uno el encuentro con un revolucionario lo lleva a la revolución y al otro lo deja indiferente? Razón por la cual parece como que uno termina por encontrarse al final con las personas que debe encontrar, quedando así la casualidad reducida a límites muy modestos. De modo que esos encuentros que en la vida de cada uno nos parecen asombrosos, no son otra cosa que la consecuencia de esas fuerzas desconocidas que nos aproximan a través de la multitud indiferente, como las limaduras de hierro se orientan a distancia hasta los polos de un poderoso imán; movimientos; movimientos que constituirían motivo de asombro para las limaduras si tuviesen alguna conciencia de sus actos sin alcanzar a tener, empero, un conocimiento pleno y total de la realidad. Así, marchamos un poco sonámbulos, hacia los seres que de algún modo son desde el comienzo nuestros destinatarios.

¡Feliz año nuevo 2017!

¡Me marcho y nos vemos el año que viene Leyendo Nuevos Secretos por Compartir!

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Regala tu tiempo

Una tarde pre-navideña cualquiera, decido pasear por el centro de la ciudad, contemplo absorta el ambiente navideño; sus luces de mil colores, el caga tió un tronco, convertido en personaje mitológico de Navidad en Cataluña al cual se empieza a dar de comer cada noche a partir del puente de diciembre y se tapa con una manta para que no pase frío.

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Se le alimenta hasta la Nochebuena, y entonces el tió, golpeado con bastones por los niños mientras entonan la típica canción, «cagará» regalos para todos-. Esta tradición supone para mí una auténtica novedad, primeramente porque nunca había visto algo similar y después porque pensé que no se practicaba actualmente.

Continúo mi paseo invadida por ese color rojo presente en cada rincón y en cada tienda, observo los adornos de las calles  y, especialmente, la música que embriaga el ambiente esparcida por el hilo musical instalado en las calles al son de múltiples villancicos como » All I want for Christmas is you» que revierten tu estado de ánimo a esa constante sensación de felicidad.

Pero si examinamos otros detalles, la publicidad se lleva el premio gordo. Eslóganes embaucadores intentan persuadir a los consumidores de compras innecesarias, sirviéndose-claro está- del factor emocional.

Este aspecto se intensifica si se trata del medio de comunicación por excelencia, la televisión. ¿Quién no recuerda  el más que archiconocido anuncio de la marca El Almendro con esa canción tan tierna al  tiempo que emocional ? ¿o la campaña de Loterías y Apuestas del Estado, con su emblema, el calvo de navidad, sustituido hace unos años por desafíos mayores? Cada uno dentro de su espacio pretende mostrar el lado más humano de las personas, fortalecer en estos días esos mensajes que invitan a ser mejor para con los demás, que recuerda a esos reencuentros que se suceden año tras año en cada familia.

Continúo el análisis pormenorizando en los detalles y si nos situamos en el año 2016, cabe destacar la campaña de un eslogan reiterativo, » Regala tiempo«, una pudiera pensar que este se refiere a tu propio tiempo con los demás, pero nada más lejos de la realidad, se trata de la venta de electrodomésticos: aspiradoras automáticas, robots de cocina u otros utensilios que suponen invertir menos tiempo en las labores domésticas.

De otro lado, invertimos muchas horas en elucubrar cuál será el mejor regalo para tal o cual persona, sin embargo no le concedemos la importancia que merece a pensar que lo mejor que podemos regalar de nosotros mismos hacia los demás es nuestro tiempo, pues es algo que no regresa.

Dejemos de lado las redes sociales, what’s app, etc y descolguemos el teléfono para realizar una llamada a aquellas personas que tenemos lejos, visitemos por sorpresa a amistades y familia, cantemos villancicos con la guitarra y las panderetas, recuperemos un poco las viejas tradiciones.

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Todavía recuerdo cuando era una niña la recepción de las postales navideñas, esas cartas que llenaban los buzones inundando la Navidad de los mejores deseos, sabiendo que detrás de aquellos escritos había personas que empleaban un tiempo en comprar las postales, escribirlas y molestarse en lanzarlas al buzón de correos más cercano. Esta es una de las tradiciones que en mi caso mantienen viva la emoción de estos días y que practico con mis amistades y familia anualmente. La realidad actual se torna diferente, vídeos y miles de postales online que quedan en un buzón virtual y, en muchos casos, no llegan a abrirse nunca o si se abren tiene un efecto efímero sobre el receptor, por tanto, se desvirtúa su valor.

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No podemos olvidar el reencuentro con los seres queridos con los que hace meses o en ocasiones años que no tienes la suerte de compartir mesa y mantel y esos recuerdos de anécdotas inolvidables, « los 22 de diciembre desayunando minchos o tortitas con chocolate al tiempo que de fondo resuenan los niños de San Ildefonso cantando los números de la Lotería de Navidad«, «las fotos en escalera de primos por orden de nacimiento», » los brindis deseando que el nuevo año sea igual o mejor que el anterior» o » las películas que siempre comenzamos a ver  en familia y nunca terminamos«…

Por ello, en este diciembre que ya se va consumiendo, valoremos que estos días no importan los regalos, menos el color de nuestra vestimenta, tampoco el lugar, pero sí la compañía, ya que este sí que es el mejor regalo, encontrar tiempo para ver a familiares y amigos que no tenemos la ocasión de ver habitualmente, retomar el contacto con gente que hace tiempo no vemos o escuchamos, poner toda tu atención en las novedades de tus interlocutores, compartir vivencias y seguir sumando páginas al libro de nuestra vida, para que al finalizar nuestras páginas, estas rebosen de emociones, enseñanzas y aprendizajes y no queden hojas vacías.

P.D: os dejo con los dos anuncios publicitarios más emotivos para mí en los últimos años y que consiguen emocionarme no importa las veces que los visualice.

https://www.youtube.com/watch?v=-sNBUKrqHWI

El poder de las palabras

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¿ Qué poder pueden ejercer las palabras de otros  en nuestra trayectoria?

Me adentro en el tunel del tiempo y me sitúo en el pupitre como alumna. Era estudiante y comenzaba quinto de primaria. Ansiosos por la llegada del nuevo curso recibíamos nueva maestra. Por suerte, apareció ella, que con su desparpajo logró captar nuestra atención desde su presentación, no solo por su don de palabra, sino también por aquella capacidad que tuvo de motivarnos  y extraer el máximo jugo de cada uno de sus estudiantes, sabiendo que no éramos precisamente un grupo sencillo. Nuestro grupo tenía marcado un estigma, difícil de olvidar y que había causado rechazo a ciertos docentes a la hora de elegir si impartirnos clase o no. De modo que el plato fuerte se reservaría para la maestra interina que llegaba al colegio. Para sorpresa de todos, aquella docente consiguió comprender cada una de las necesidades que teníamos y comenzó por resaltar aquellas cualidades personales que caracterizaban a cada uno.

Como un recuerdo nítido y conmovedor guardo la primera vez que le entregué la libreta  y me dijo: «¿ Sabes que escribes muy bien ? ¡ Además tienes una letra muy bonita!«. ¡ Qué palabras aquellas! Ni yo misma pensé que tendrían tanta repercusión y que me guiarían en mi afán de ser profesora de Lengua. Pero esto solo fue el comienzo, no solo logró atraparnos a nivel individual alentándonos diariamente y explotando las virtudes que había observado de cada cual, sino  también mejorar el clima de la clase.

El «truco» de Marce –como así se llamaba nuestra famosa maestra- fue hacernos sentir que cada uno de nosotros tenía una habilidad especial y era válido en diferentes ámbitos, que cada cual tenía su propio ritmo de aprendizaje y su particular personalidad, pero que todos llegaríamos a un mismo destino aquel año, aprobar el curso y ver recompensado nuestro esfuerzo. Analizándolo más de 15 años después, no debió ser tarea fácil, pero imagino que su satisfacción fue inmensurable. Ese año fue mágico, inolvidable, pero tenía fin. El último día de clase supuso un drama para todos los presentes. No éramos capaces de asumir que aquella guía nos debía dejar en presencia, aunque nunca en espíritu. Llantos inundaban el aula pidiéndole que por favor volviera el curso siguiente y entre constantes sollozos y la voz entrecortada nos dijo: «prometo hacer lo posible por volver, pero si yo no estoy, recordad todo lo que habéis aprendido y dejad el listón bien alto, porque no sois una clase mala, sois fantásticos. No dejéis que os vuelvan a poner la etiqueta».

Llegados a este punto y estando yo ahora en la posición de docente y no de alumna, me gustaría pensar que aparte de recordarme por aquella profesora de Lengua del instituto, también recuerden cómo les hice sentir, ya que como afirmaba la polifacética Maya Angelou: «la gente olvidará lo que dijiste, lo que hiciste, pero nunca olvidará cómo la hiciste sentir». Esa es otra de las misiones que tenemos como educadores, formar a personas y no robotizar  la figura competencial del profesor. Mostremos que detrás de cada éxito, hay un gran esfuerzo, un trabajo y muchas derrotas, zig zags que tan pronto te transportan al paraíso como te hacen descender al mismísimo infierno. Errores que sirven para evolucionar en la vida y que permiten  reflexionar antes de juzgar, dado que por avatares de la vida cada cual alcanza el éxito de diversos modos, pero si no sabemos qué dificultades se tuvieron hasta llegar ahí, no hemos de menospreciar el valor del éxito logrado.

De manera que no dejemos que nadie nos diga que no podemos hacer algo, rodeémonos de personas que nos hagan crecer, que nos llenen de coraje y energía positiva y nunca olvidemos que unas palabras de aliento pueden cambiar el rumbo de la vida de muchas personas a nuestro alrededor, máxime si se encuentra en una situación privilegiada como la mía en que se puede ser escuchada constantemente.

Finalmente os dejo con una analogía que resume a la perfección cuáles son los aspectos fundamentales para no rendirse; el esfuerzo, el soporte externo, el coraje y  la perseverancia, aspectos que deberemos potenciar en nuestro alumnado.

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Un grupo de ranas viajaba por el bosque y, de repente, dos de ellas cayeron en un hoyo profundo. Todas las demás ranas se reunieron alrededor del hoyo…  Cuando vieron cuán hondo era éste,  le dijeron a las dos ranas en el fondo que, para efectos prácticos, se debían dar por muertas. Las dos ranas no hicieron caso a los comentarios de sus amigas y siguieron tratando de saltar fuera del hoyo con todas sus fuerzas. Las otras seguían insistiendo en que sus esfuerzos serían inútiles. Finalmente, una de las ranas puso atención a lo que las demás decían y se rindió.   Ésta se rindió, se desplomó y murió. La otra rana continuó saltando tan fuerte como le era posible. Una vez más, la multitud de ranas le gritaba y le hacían señas para que dejara de sufrir y que simplemente se dispusiera a morir, ya que no tenia sentido seguir luchando. Sin embargo, la rana saltó cada vez con más fuerzas hasta que, finalmente, logró salir del hoyo. Cuando salió, las otras ranas le dijeron:

“Nos alegramos de que hayas logrado salir, a pesar de lo que te gritábamos”. La rana les explicó que era sorda y que pensó que las demás la estaban animando a esforzarse más y a salir del hoyo. 

Dedicado a mi gran amiga E.C.H, con la que he vivido gran parte de estas experiencias,  ¡Gracias por ser una de esas personas que te motiva a lograr tus propósitos y con la que espero seguir creciendo siempre! 

 

 

 

Parece que ya empiezo a entender…

Tal y como reza la canción de Fito y Fitipaldis: » parece que ya empiezo a entender las cosas importantes aquí, son las que están detrás de la piel».

Me ha parecido un buen comienzo para hablar de un tema que suele ser tabú para la mayoría de adolescentes, se trata del afecto. Contemplo cada mañana la coraza que cada uno de mis pupilos se ponen al entrar a clase y es algo que me preocupa, pues estamos dejando de lado la educación emocional en pos de una educación cuadriculada y memorística, donde el elemento humano no se vislumbra en la mayoría de las clases.

Ya han sido varias ocasiones las que me he topado con adolescentes que arrastran unas carencias afectivas graves de casa y que como suele ocurrir, piden a gritos en otros ámbitos o lugares un poco de atención y cariño, especialmente aquel alumnado más problemático y que se revela contra su realidad diaria. Si indagamos un poco más tras esas actitudes, en la mayoría de casos encontramos casos de abandono; maltrato, no solo verbal sino físico o en el peor de los casos, muerte de algún pariente. Pero estos no son los únicos motivos que justifican estas carencias, también encontramos que cada vez son más los padres que por cuestiones de trabajo se ven obligados a dejar solos a sus hijos muchas horas en casa, sin estar bajo supervisión de nadie, de modo que no hay  tiempo real para conocer  los cambios que conlleva esta dificultosa etapa de la adolescencia.

En calidad de docente, considero que hay mucho camino por recorrer en este aspecto. En primer lugar, que se haga más visible el problema de la carencia de educación emocional, esto es, que nuestro alumnado sea capaz de gestionar sus propias emociones y sean capaces de comunicar aquello que les abruma y preocupa para poder dar salida a sus problemas y preocupaciones.Por ello, dejemos que expresen sus ideales, enseñemos a esta juventud a considerar importante la comunicación real, la del cara a cara, aquella que hemos practicado durante tantos años y que está en crisis con la aparición del mundo tecnológico, ahondemos en la comprensión de esa rebeldía típica de nuestros jóvenes.

Si analizamos las nuevas metodologías educativas, hallamos en muchas de ellas la introducción  de la educación emocional como algo novedoso, cuando esta educación ha existido siempre, tan solo depende del docente. Aprendamos que el presente y el futuro de las generaciones venideras necesita tener una motivación para aprender en un contexto atractivo, al igual que cada uno de nosotros la necesita en su periplo educativo. Si además esta motivación está enlazada al factor emocional, aseguraremos que los aprendizajes se instalen en las mentes de nuestros educandos, pues como bien señaló Hendricks: » la enseñanza que deja huella no es la que se hace de cabeza a cabeza, sino de corazón a corazón», por tanto, aunemos  esfuerzos entre padres y docentes para conseguir que la educación tenga la calidad que merece y a pesar de que cada uno más tarde camine por diferentes derroteros, dejemos un buen recuerdo y unas enseñanzas que puedan utilizar durante su vida adulta para poder afrontar todos los imprevistos que  les vayan surgiendo en su recorrido particular.

Enseñemos que la vida tiene las dos caras de la moneda y que no decidimos cuándo gira hacia el lado positivo o negativo, pero habremos de estar preparados para saber convivir con ambos. En definitiva,  mostremos como docentes  «sui géneris» las lecturas desde diferentes perspectivas  que amplíen los horizontes, dado que » el lobo siempre será malo si solo escuchamos a Caperucita».

Anexo este vídeo con la opinión de adolescentes sobre sus propias emociones a través de una iniciativa como el teatro, una excelente manera de aprender a expresar nuestras necesidades, sueños y habilidades más recónditas, herramienta que yo misma como alumna tuve la oportunidad de practicar en el colegio y con la que descubrí numerosas destrezas que hasta entonces desconocía.