Este 2020 dejará una huella imborrable en todo el planeta, precisamente ese parece que fuera el objetivo de este año, venir a recordarnos que los problemas, los planes o el futuro más próximo son una incertidumbre.
Recuerdo allá por febrero, cuando en los medios de comunicación corría como la pólvora la noticia de aquel famoso virus que todos odiamos y que además tiene nombre real, «corona», siendo este nombre también un presagio de otra de las grandes noticias del 2020, la corrupción de la corona española, una verdad a voces que ha mostrado le necesidad de revisar también aspectos de la Constitución, véase «la inviolabilidad del rey, no sujeta a responsabilidad», como reza el Artículo 56 y que promete seguir siendo un problema de gran envergadura en este 2021.
Regresando a nuestro 2020, recuerdo una fría mañana de febrero y la pregunta de un alumno que, intrigado, preguntaba si el «coronavirus» llegaría a España. En aquel momento, ingenua de mí, abrimos un debate y les insté a ser cautos con sus palabras y a no provocar xinofobia, sinónimo de odio o aversión a los chinos por el hecho de que el virus tuviera origen en su país. Asimismo, les dije que aquello era un virus que, al parecer, por error, había escapado de un laboratorio, pero que tenía solución.
No pasaron ni 20 días desde aquellas palabras e improvisado debate, cuando la realidad superó a la ficción y por vez primera en esta nueva era, donde los avances tecnológicos parecían avanzar a pasos agigantados, nos dimos cuenta de nuestra vulnerabilidad. Nunca olvidaré todavía aquel martes, 10 de marzo, paseando por el centro de la ciudad, donde ya se alertaba de la posible suspensión de las Fallas de Valencia, aunque estas estuvieron montándose hasta las 20:00 de aquel día, cuando se dio por suspendida, oficialmente, la fiesta local.

Tan solo 3 días más tarde, el presidente Sánchez nos informaba del confinamiento debido al «estado de alarma», viéndonos así encerrados en casa para frenar la curva de contagios y, con ello el número de muertes, durante unos dos meses, meses que vinieron a enseñarnos mucho de lo que realmente tiene valor en esta sociedad capitalista en la que vivimos. Poco importó la ropa que lleváramos en aquellos difusos días, tampoco nuestra apariencia física. En cambio, se hizo más necesario que nunca un abrazo, un beso, la buena compañía o disfrutar de las clases presenciales que se convirtieron rápidamente en una improvisación constante por ayudar a los pupilos a finalizar satisfactoriamente el curso, especialmente a los que estaba preparando para las pruebas de acceso a la universidad (actual EBAU), que vivían con incertidumbre el paso de los días a la espera oficial del día de celebración de estas pruebas.
Aquellas primeras semanas, a nivel personal, me provocaron emoción y miedo, ese silencio sepulcral que respiraba mi avenida, solo interrumpido por el alarmante sonido de una sirena de ambulancia. Imaginaba que detrás de aquel sonido, había una persona en estado crítico, luchando entre la vida y la muerte y solo pensaba que aquella maldita pesadilla acabase. Me negaba a asumir la cruda realidad cuando, cada mañana levantaba la persiana y observaba desde la ventana, una ciudad desolada. Esta canción fue una de las que provocó más de una lágrima y recordaba este funesto año.
Comenzaron las videollamadas, esas que, sin duda alguna, provocaban sonrisas y que se convirtieron en esa válvula de escape en días grises para mitigar el dolor y la soledad en que nos vimos sumidos toda la población. Al mismo tiempo, eran las que permitían distinguir el final del día de aquella monotonía diaria y de ese modo, comenzaré dando las gracias a todas esas amistades y familia que daban un impulso diario de energía, especialmente aquellos viernes noche donde no cesaron los concursos musicales, culinarios, culturales o fotográficos, que provocaron carcajadas e hicieron mucho más llevadera esta nightmare ( que diría mi alumnado, para referirse a la pesadilla que supuso todo aquello).
Dejando de un lado toda la debacle a nivel mundial que ha supuesto y supone este virus, al que ya empezamos a combatir con la vacuna y que esperamos deje de ser mortal en poco tiempo, el balance a nivel de valores, no ha sido tan negativo. Nos ha enseñado el valor de la paciencia, el aprender a valorar más que nunca el factor humano y desinteresado de personas que se han prestado a ayudar en este tipo de situaciones con su solidaridad y han dado la vida para que otros no la pierdan, nos ha permitido tener tiempo para hacer todas aquellas cosas que siempre se posponían por falta de tiempo y lo más importante, hemos descubierto quiénes en aquellos días y en los posteriores, nos han brindado todo lo mejor de sí mismos, para ser conscientes del valor de tenerles en nuestras vidas.

No es, ni de lejos, la Nochevieja y Año Nuevo que nadie hubiera esperado y más, cuando este virus te roza tan de cerca como a mí este año que se extingue ya, pero quedémonos con aquello que nos ha hecho crecer, vibrar y que ha mejorado o cambiado nuestras vidas y desechemos todo aquello que el 2020 se lleva ya y que permanecerá en el recuerdo como el peor año, a nivel social, que recordamos. Le decimos gracias por lo aprendido de todas las experiencias que hemos vivido y adiós, y que el 2021 sea, con ayuda de la vacuna, motor de cambio para que no muera más gente en esta pandemia y para que las expectativas marcadas, sean más reales y podamos pisar tierra firme, eso sí, con buena salud como una buena amiga me confesaba hace escasos minutos, pues eso ya será indicativo de mejora social. Este virus será vencido con el esfuerzo de todos. A nivel educativo, esperemos que la EDUCACIÓN siempre sea algo prioritario y no quede en segundo plano nunca.
Por último, GRACIAS a todas aquellas personas que habéis conformado este 2020, no habría entradas de blog para agradeceros todo.
Deseando a todo el mundo que el 2021 nos ayude a sortear los obstáculos que sobrevengan y disfrutemoa de momentos inolvidables, FELIZ AÑO NUEVO Y ESPEREMOS QUE, PRÓSPERO.






En la misma línea que el pasado año, me dispongo nuevamente a hacer balance de este 2017, a menos de 24 horas para dar la bienvenida al 2018.









