En este mar sin calma, hay días en que el ritmo cotidiano no nos permite realizar un alto en el camino y pararnos a reflexionar si estamos donde realmente queremos estar o si simplemente somos felices con aquello a lo que dedicamos nuestro valioso tiempo. Multitud de pensamientos navegan por la mente, pero olvidamos dedicar un tiempo a preguntarnos si merece la pena tanto esfuerzo para llegar a ese lugar que tanto ansiamos, nuestro Ítaca o destino particular.
En mi caso, la respuesta es afirmativa. Merece las noches en vela, los largos días de tormentoso estudio, los nervios a flor de piel que te dejan exhausto en cada cara a cara con el tribunal de Oposiciones- si algún opositor se halla leyéndome ya entiende en qué tesitura nos movemos-, pero especialmente merece cada batalla diaria y aprendizaje. Es curioso cómo en la distancia le concedemos un inmenso valor a aspectos que hasta ahora se nos antojaban cotidianos; como unas palabras de aliento desde la lejanía cuando inicias un nuevo tránsito, tener tiempo para una charla con amigos, intercambiar ideas con nuevas personas o un abrazo reconfortante que te recoloque en esos días de confusión y desesperación en busca de nuevas rutas que ayuden a sortear cada temporal.
Pero también necesitamos estos días de caos y catarsis para poder liberar tensiones y tomar de nuevo el timón.Tenemos derecho a derrumbarnos, pues alguien muy allegado me dijo una vez, que de las graves crisis nacen las grandes ideas, dado que esto supone buscar nuevos planteamientos a los problemas. Precisamente aquí es donde sobrevienen momentos de inspiración en los cuales comienzas a tomar nota en un viejo papel, en ocasiones una servilleta, con ideas para poner en práctica en clase o encuentras en algún escrito o lectura una frase motivadora que has decidido será tu nuevo lema de motivación cuando te levantes, pues » ningún mar en calma hizo experto a un marinero».
Por ello, no perdamos el rumbo para lograr aquellas metas o sueños, que entretanto, la travesía promete curtirnos en un sinfín más de aspectos inesperados, nos enseñará a ser pacientes y no lanzarnos al abordaje, a esperar nuestro momento de desembarque, a seguir luchando contra viento y marea sorteando los obstáculos o vicisitudes para que al llegar a tierra firme, la recompensa no solo sea abrazar el éxito, sino también recordar múltiples aventuras que han hecho de esta, una experiencia inolvidable.
