Tras un tiempo en la sombra, me dispongo a volver en un momento crucial, tras celebrar» El día de la mujer trabajadora«, ayer 8 de marzo con una huelga masiva.
Plaza de la Reina, 20 horas, Valencia en plena efervescencia.

Un día más para much@s, un día para no olvidar para otras muchas personas, ya que gracias a aquellas mujeres que hace unos cuantos lustros lideraron un movimiento único, ahora nosotras tenemos la posibilidad de trabajar ( aunque esto no nos aleje del otro gran asunto pendiente, ocuparse del hogar), abrir cuentas en el banco como titulares, viajar con nuestro propio pasaporte o decidir si nos apetece ser madres o no, entre otras cosas.
Recuerdo las primeras ocasiones en que este tópico » el de la mujer trabajadora», salió a la palestra y se me ocurrió preguntar por qué se celebraba este día y no el día de toda la gente trabajadora. Mis maestros y familiares se encargaron de explicarme que no todo era color de rosa hasta hace tan solo unos años, donde muchas de las acciones cotidianas que hoy realizamos eran todo un privilegio. También me contaron lo mucho que sufrieron muchas mujeres para estar actualmente en el lugar que nos corresponde.
El problema mana de una fuente de la que bebe el machismo y que mucha gente parece no querer aceptar, valga de ejemplo toda esa gente que reniega del Feminismo. Pero vayamos al DRAE ( Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española). Feminismo: Principio de igualdad de derechos entre el hombre y la mujer.
¿ Alguien me puede explicar quién no puede estar de acuerdo en que todas las personas seamos tratadas por igual? ¿Por qué motivo aún hoy en día en nuestro país ( por no irnos más lejos) una mujer cobra menos que un hombre por realizar el mismo trabajo? De aquí nacen los presentes conflictos, la brecha salarial o los techos de cristal ( limitar el ascenso de mujeres a puestos de mando) y en pleno siglo XXI todavía nuestro presidente Mariano Rajoy nos deleita con su retórica evasiva cuando le preguntan acerca de para cuándo la igualdad salarial a lo que serenamente responde: «No nos metamos en eso».
Pero esto no es lo peor de todo, lo más sorprendente es que hay gente que suele enlazar estas ideas con gente de otra generación, que ha tenido otro modelo de sociedad muy diferente al que vivimos en esta era. Y de repente, hablando con personas jóvenes de tu círculo más cercano o no tanto, descubres comentarios tales como:
» La verdad que se le da muy bien ese deporte para ser mujer», » Si yo fuera mujer, no me preocuparía que se hablara en masculino, pensaría que hay cosas más importantes» o el más que común; » ¿ Y el día del hombre para cuándo?».
Por mi parte, hace mucho tiempo que decidí no mirar hacia otro lado y afrontar estas afirmaciones con coraje, de cara y explicando a mis interlocutores que la mujer puede ser buena o no como el hombre en ciertos deportes, pero su género no determina que pueda ser mejor o peor ( de no ser por aspectos biológicos sobradamente conocidos). Tampoco hago oídos sordos a esas voces que afirman que hay cosas más importantes que revisar nuestro vocabulario, porque precisamente el lenguaje refleja la realidad y así ha de ir en consonancia con la sociedad en la que vivimos. Y por supuesto, combato con energía los clichés que se atribuyen al hablar sin miedos de estos problemas y que hace escasas semanas recibía en afirmaciones como: «cuidado, que tú eres muy sensible con estos temas».
Continúo poniendo ejemplos de mi realidad, la de mujeres de mi entorno más cercano que tienen que soportar a diario cómo su jefe las menosprecia o ni escucha cuando aportan nuevas ideas en sus empresas o cómo se critica a algunas compañeras de profesión por introducir en las editoriales donde trabajan textos de mujeres, llegando a afirmar que estos textos no pueden hacer sombra a los de los hombres. Todas estas acciones demuestran que queda mucho por hacer en cuanto a educar y «reeducar» en igualdad.
Y luego dicen que hemos avanzado.
Por suerte, tengo la oportunidad de dirigirme a mi alumnado diariamente y fomentar debates acerca de este y otros aspectos para conocer de cerca sus opiniones y os sorprendería ver cómo responden con absoluta rotundidad con comentarios como: » el feminismo es una chorrada». Establezcamos los límites de cada término de una vez. Comencemos por definir, según DRAE el machismo: Actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres. De otro lado, el hembrismo: Convicción estereotipada de que los varones son inferiores a las mujeres por naturaleza. ¿ Vislumbramos las diferencias?
Asimismo, me gustaría felicitar a todas las mujeres que nos sentimos en desigualdad de condiciones con respecto a los hombres en esta sociedad en muchos aspectos y que acudimos ayer, 8 de marzo a las manifestaciones convocadas a lo largo y ancho de toda España, hemos hecho historia a nivel mundial siendo portada de los periódicos de tirada nacional e internacional y hemos hecho eco a la sociedad de las limitaciones sufridas por nuestra condición.
No sé las veces que me tocará a lo largo de mi vida repetir estos términos y explicarlos, pero no me cansaré de luchar hasta que se entienda que feminismo no es la supremacía de la mujer en la sociedad, sino un movimiento igualitario sin afán de menospreciar a nadie.
En definitiva, creemos una sociedad igualitaria y erradiquemos los estereotipos de género y los comentarios fuera de tono que tenemos que soportar a diario, solo así, iniciando el cambio cada cual consigo mism@, conseguiremos esa anhelada igualdad.
