¿Qué pasaría si fallase el sistema eléctrico y tecnológico en la actualidad?
Invierno, día de ola de frío siberiana, media España incomunicada, contacto con mis familiares por teléfono fijo, la única vía de comunicación de la que disponen en estos momentos. Sin luz, sin cobertura y sin internet, en pleno siglo XXI, una se pregunta,
¿ qué pasaría si de repente todo este mundo digital y tecnológico en el que nos hallamos inmersos desapareciera y todo volviera a los orígenes?
A raíz de observar cuáles serían las opciones disponibles, aunque solo sea por unos días, verdaderamente hay efectos que serían muy plausibles. Primeramente, las hidroeléctricas pretenden hacer que nuestros bolsillos caigan en picado los días de más frío desde que se recuerda; dada esta situación, al menos en lo que atañe a algunas zonas, la jugada podría salirles verdaderamente mal. De otro lado, estaría el ocio no relacionado con nada electrónico, ni digital, por tanto, la gente rescataría esa afición a la lectura que no necesita de pantallas, sino tan solo de un poco de imaginación. Tampoco olvidemos la manera de comunicarnos, se favorecería el contacto personal que tanto echamos de menos en múltiples ocasiones, se apostaría por la vuelta a los juegos de mesa, llegarían esos momentos de compartir anécdotas…
A muchos de vosotros os parecerá una idea descabellada, pero no sería mala idea vivir un apagón digital debido a este temporal que azotó días atrás a la Península. Así, al menos, valoraríamos otras cosas que, puede, escapen a nuestras mentes constantemente invadidas por la sobreinformación, por la constante necesidad de estar conectados, de sentirnos acompañados solamente con un teléfono móvil y sentir que, aunque la era digital ha venido para quedarse y ha traído consigo infinitas oportunidades; tales como encontrar trabajo por la web, ser capaces de vernos a través de una pantalla mediante la videollamada o simplemente mensajearnos a tiempo real con aplicaciones como what’s app, también ha supuesto la proliferación de innumerables problemas.
Estos problemas han llegado a crear nuevas enfermedades condicionadas por el excesivo uso de los videojuegos, del ordenador u otros dispositivos similares. Se habla ya de trastornos psicológicos severos a causa del abuso de estos.
Quién fuera niña para volver a aquellos años en los que nos bastaba con llegar a casa, comer el bocadillo de la merienda y salir a la calle, jugar al descanse, coger la bicicleta e irte a explorar lo que en aquellos momentos suponía salir de la calle donde vivías hacia las afueras del pueblo.
Quién fuera niña para compartir aquellas tardes de fútbol, de dejar volar la imaginación y de estar alejada de este mundo globalmente digitalizado.
De esta mirada retrotraída llego a mi presente más actual, el día a día en las aulas. Aquí es donde descubro que sí, el sistema está intentando adaptarse a los nuevos tiempos, pero sin disponer de las herramientas o más bien la formación adecuada para ello. Observo que las clases continúan con un patrón tradicional, clase magistral donde el profesor sigue una metodología conductiva en muchos casos, exactamente la misma que vivieron nuestros antepasados.
En cualquier caso, con la incorporación de pizarras digitales, ordenadores, cañón y otros elementos como las tablet, se ha fortalecido la enseñanza practicando la competencia digital y, aunque es un aspecto que debemos poner en uso y mantenernos en un constante reciclaje, seguimos necesitando del elemento humano, de aquello que todavía sigue diferenciando al hombre de las máquinas, las emociones, la capacidad de razonar, de mover el instrumento más preciso y perfecto que existe, el cerebro.
Que lo que digamos no quede solamente plasmado en una pantalla digital, sino en las mentes, que podamos volver al pasado mediante un recuerdo que nos haya hecho sentir partícipes de este o aquel aprendizaje, que nuestro alumnado pueda rescatar aprendizajes y extrapolarlos a nuevos contextos y situaciones que les vayan acaeciendo.
Una vez más queda claro que el aprendizaje por investigación, haciendo uso de las nuevas tecnologías logrará que estas nuevas generaciones vayan insertando nuevos conocimientos de un modo diferente a como lo hicimos nosotros, pero no por ello, menos válido.
Por ello, estemos en constante búsqueda de nuevos métodos, de despertar las emociones más recónditas de nuestros pupilos, de despertar su curiosidad dentro de un mundo constantemente invadido de estímulos, en definitiva, seamos ese ying de profesores digitalizados y ese yang de profesores analógicos que hacen reflexionar.