Contra viento y marea

En este mar sin calma, hay días en que el ritmo cotidiano no nos permite realizar un alto en el camino y pararnos a reflexionar si estamos donde realmente queremos estar o si simplemente somos felices con aquello a lo que dedicamos nuestro valioso tiempo. Multitud de pensamientos navegan  por la mente,  pero olvidamos dedicar un tiempo a preguntarnos si merece la pena tanto esfuerzo para llegar a ese lugar que tanto ansiamos, nuestro Ítaca o destino particular.

En mi caso, la respuesta es afirmativa. Merece las noches en vela, los largos días de tormentoso estudio, los nervios a flor de piel que te dejan exhausto en cada cara a cara con el tribunal de Oposiciones- si algún opositor se halla leyéndome ya entiende en qué tesitura nos movemos-, pero especialmente  merece cada batalla diaria y aprendizaje. Es curioso cómo en la distancia le concedemos un inmenso valor a aspectos que hasta ahora se nos antojaban cotidianos; como unas palabras de aliento desde la lejanía cuando inicias un nuevo tránsito, tener tiempo para una charla con amigos, intercambiar ideas con nuevas personas o un abrazo reconfortante que te recoloque en esos días de confusión y desesperación en busca de nuevas rutas que ayuden a sortear cada temporal.

Pero también necesitamos estos días de caos y catarsis para poder liberar tensiones y tomar de nuevo el timón.Tenemos derecho a derrumbarnos, pues alguien muy allegado me dijo una vez, que de las graves crisis nacen las grandes ideas, dado que esto supone buscar nuevos planteamientos a los problemas. Precisamente aquí es donde sobrevienen momentos de inspiración en los cuales comienzas a tomar nota en un viejo papel, en ocasiones una servilleta, con ideas para poner en práctica en clase o encuentras en algún escrito o lectura una frase motivadora que has decidido será tu nuevo lema de motivación cuando te levantes, pues » ningún mar en calma hizo experto a un marinero».

Por ello, no perdamos el rumbo para lograr aquellas metas o sueños, que entretanto, la travesía promete curtirnos en un sinfín más de aspectos inesperados, nos enseñará a ser pacientes y no lanzarnos al abordaje, a esperar nuestro momento de desembarque, a seguir luchando contra viento y marea sorteando los obstáculos o vicisitudes para que al llegar a tierra firme, la recompensa no solo sea abrazar el éxito, sino también recordar múltiples aventuras que han hecho de esta, una experiencia inolvidable.

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Veroño: tiempo de cambios

Inmersa en la vorágine que supone comenzar el que será mi primer curso académico completo como profesora, observo cómo se acerca el Veroño, esa nueva estación del año surgida a partir del cambio climático, donde en Valencia todavía es posible calzar unas sandalias al tiempo que las hojas de los árboles comienzan a caer. Con este batiburrillo de estaciones, es normal que nuestro estado anímico se encuentre como en una montaña rusa, con sus subidas y bajadas y que no lleguemos a cambiar la ropa veraniega, por la otoñal hasta bien entrado el mes de noviembre, puesto que se hace posible poder visitar la playa todavía en estos días.

Si bien los meses de septiembre y octubre siempre suponen cambios; vuelta a la rutina tras las ansiadas vacaciones veraniegas, comienzo de nuevos propósitos o de nuevas etapas vitales, conforme una va cumpliendo años, este período va adquiriendo nuevos matices. En mi caso, un huracán de emociones; comenzando por saber cuál será el nuevo destino del centro  educativo que te espera como profesora. Todavía recuerdo los primeros días de este pasado mes de septiembre con cierta euforia, a la espera de leer en la pantalla del ordenador cuál ha sido el lugar donde el azar ha querido transportarme. Minutos después, algo compungida y exaltada por la noticia, comienzas a llamar a tus familiares y amigos. Alegría al otro lado del teléfono deseándote toda la suerte del mundo, allegados que lamentan tu marcha y comienzan a planificar cuándo te sorprenderán con su próxima visita, abrazos de despedida acompañados en algunos casos de lágrimas, pero en definitiva, buenos deseos con esta nueva mudanza.

Lo que ellos no saben es que ello supone un cambio drástico en tu vida; haz maleta con lo básico y lánzate a la aventura de descubrir ese pueblecito de montaña, dónde vivirás y con quién, qué te ofrecerá esta nueva experiencia… tantas y tantas preguntas, especialmente cuando ello significa cambiar de Comunidad Autónoma y sumergirte en un nuevo ambiente, con tus miedos, lejos de toda tu gente, pero con la emoción- eso sí- de saber que vas a ejercer tu profesión y que siempre quedarán los fines de semana para poder conocer un poco más de tu nuevo enclave o regresar a tus raíces y poder saborear durante unas horas que el tiempo no ha pasado y que todo sigue ahí, en su sitio.

 

Caminante no hay camino…

¿Cómo comenzar este blog? Quizás es un buen momento para presentarme, joven profesora que empieza su camino en el mundo de la enseñanza, un mundo en el que recibes tanto como das, nuevas andanzas para hacer que mis estudiantes no solo aprendan una serie de herramientas imprescindibles para la escritura, sino también grandes aprendizajes para la vida.

Actualmente, el profesorado nos encontramos en un difícil sendero en el mundo de la docencia, pues el mundo tecnológico ha invadido nuestras aulas y a nuestros estudiantes y el planteamiento- si quieres conectar con ellos y que haya un proceso de retroalimentación- se torna más complicado. ¿Cómo lograr captar la atención de cada uno de los adolescentes que llega al aula con unas expectativas diferentes? ¿ Cómo hacerles saber que muchas de esas cosas que ellos ven como un rollo, serán en un futuro próximo elementos imprescindibles para cualquiera de los destinos que elijan? Todas estas preguntas invaden mi mente, especialmente mientras preparo mis clases. En ocasiones, me resulta más sencillo trasladarme a mi adolescencia y recordar qué aprendí en las aulas, por qué he retenido a pesar del paso del tiempo aquellas enseñanzas y cuáles fueron las claves para que ahora recuerde a ciertos profesores con cariño y cierta nostalgia.

Siento que no hay un camino único para llegar hasta estas respuestas y que cada día vamos aprendiendo un poquito más cómo llegar a ellos, plantearles temas, debates o situaciones que podrían encontrarse en su vida real. Ahí es donde entra el aprendizaje significativo, es decir, intentar enlazar unos contenidos curriculares con situaciones de su vida cotidiana donde puedan encontrar esos contenidos o aproximarse lo más posible a estos.

Para días como estos, en los que se plantean estas disyuntivas y algunas otras, no puedo evitar recordar el famoso poema de Antonio Machado que nos recuerda que hemos de construir la senda de nuestro propio camino con cada uno de nuestros pasos. Aquí va:

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.

Nuestro gran Serrat también se atrevió a versionar a Machado, el que también nos recuerda que se ha de ser humilde siempre para poder avanzar. No olvidemos nunca esta gran lección.

https://www.youtube.com/watch?v=2DA3pRht2MA